Entrevista al actor Antoni Gomila: «La ley de mecenazgo solo llega a la gran industria
El fundador de Produccions de Ferro, empresa adherida a PIMEM a través de Illescena, habla sobre el sector y sus carencias en apoyo institucional.
El fundador de Produccions de Ferro, empresa que forma parte de la asociación Illescena, adherida a PIMEM, nos ha concedido una entrevista con el objetivo de conocer un poco mejor el mundo de esta industria cultural formada por pymes que tienen que luchar con ahínco para hacerse un espacio entre tanta oferta cultural. Gomila comenzó su carrera con Aranyes teatre (1991-1997), trabajó en el Departamento de Juventud del Ayuntamiento de Manacor (1996-2000) y ha sido director del Teatre d’Artà (2000-2004) y del Teatre de Petra (2005-2007). Ha trabajado con directores como Joan Gomila, Pep Sanchis, Tomàs Aragay, Josep R. Cerdà, Pep Tosar, Rafel Duran, Màrius Hernàndez, Rafael Spregelburd y Oriol Broggi. El manacorense da un consejo a los nuevos actores: «A los que empiezan les diría que vayan al grano, que no den rodeos, que si quieren actuar en tal teatro vayan y lo pidan. Sin miedo».
1- La idea de esta breve entrevista es intentar hacernos una idea de cómo trabaja el sector, con qué condiciones se encuentra la industria de esta parte de la cultura. Esto va de pymes y autónomos y por tanto de héroes anónimos y sacrificados que suben y bajan barreras. De ellos, campesinos, industriales, taxistas, comerciantes… conocemos los problemas. En vuestro caso, ¿dónde está el «talón de Aquiles» de las empresas productoras?
Tenemos todos los talones de Aquiles posibles. De entrada, nuestro producto nunca es el mismo: aunque domines la técnica, el espectáculo siempre es nuevo, diferente al anterior, lo que hace que nunca acabes de consolidar un ‘cliente’. Un teatro, si el espectáculo nuevo no funciona, no lo quiere. Después tenemos una gran inestabilidad en las programaciones; no todos los teatros programan de forma estable. Y en cuanto a la financiación, nosotros tenemos que adelantar la producción (contratar artistas, pagar ensayos, diseñadores de luz, sonido, etc.), después adelantar la representación, y tras devolver las deudas a los proveedores, artistas y bancos, volver a empezar. La estabilidad en la liquidez es terrible.
2- Los que lo vemos desde fuera tenemos la sensación de que entre el éxito, el reconocimiento y la popularidad que hay detrás de una obra y lo que se llama «llegar a fin de mes» (de cada mes recordaría yo) hay una cierta distorsión. Primero te pregunto si es correcta esta sensación y si lo es, ¿dónde debemos poner el foco de atención para conocer los motivos?
Lo peor es pisar alfombras rojas con saldos en rojo en el banco, que suele ocurrir. La sociedad conoce a los artistas porque los ve en los medios siempre contentos haciendo promoción de los espectáculos o recogiendo premios, como si siempre estuviéramos de fiesta. La realidad, como los estudios realizados por las asociaciones profesionales del sector demuestran, es que en la gran mayoría de los casos la media de ingresos anuales no llega a mínimos dignos. ¿Los motivos? El ecosistema. En los últimos 25 años en Baleares se ha invertido en edificios para programaciones culturales pensando que serían como los polideportivos: haces el edificio y los clubes harán el resto, y nuestra realidad no es esa. No hemos creado un ecosistema, una sociedad acostumbrada a ir al teatro, que lo tenga como un hábito. En los municipios donde esto ha ocurrido sí que se respira teatro y las compañías medianas y pequeñas —que son las que hay aquí— tienen un recurso para trabajar. En Baleares debe haber como mínimo 50 espacios escénicos que podrían estar en condiciones aceptables, programar regularmente, crear su público local que pagaría con gusto una entrada moderada, pero tenemos los espacios abandonados, descoordinados, sin programación o con tanta irregularidad que cada vez es empezar de nuevo. Creo que podría ser el resumen.
3- El teatro, como cualquier actividad sea o no cultural, necesita su mercado. ¿Ves cambios en los gustos o preferencias de las generaciones que suben, tanto en cuanto al contenido de la obra como a los formatos de difusión y distribución? Si los jóvenes leen menos y todo pasa por la producción audiovisual… sería un error una obra sobre Andrea Victrix de Llorenç Villalonga y en cambio un éxito una versión teatral de la vida de Rick Deckard de Blade Runner o del joven de Dune. Por hablar del supergénero de la ciencia ficción.
Circula un proyecto sobre Andrea Víctrix y no ha encontrado productora todavía. Los referentes literarios son más complicados de difundir que los audiovisuales, ahora bien, el público —joven y mayor, todos— hay que trabajarlo, y mucho. Hay que ir a buscarlo, por eso es básica la labor de los dinamizadores locales. No es colgar un cartel y abrir taquilla, es constancia, saber entender cada sociedad, etc.
4- ¿Qué puede hacer la administración para ayudar al sector a hacer del teatro una oferta más atractiva o «cuqui» como diría el filósofo Simon May en su último libro «El poder de lo cuqui»? ¿Y las fórmulas de apoyo privado para apuntalar proyectos: las hay? ¿Cuáles? ¿Funcionan?
Cosas que creo bastante sencillas. La administración local, limpiar los teatros, dotarlos de un equipamiento técnico básico, activar acciones de dinamización del público, programar de manera estable, y hacerlo dos legislaturas seguidas. Apuesto a que en cinco años doblaríamos el número de municipios con programación estable y triplicaríamos el público. La administración insular, ordenar de manera lógica y permanente los instrumentos que hace treinta años que existen y que nunca han acabado de funcionar de forma óptima: ordenar el circuito de artes escénicas y el apoyo a la producción. Dar estabilidad y seguridad jurídica a las compañías, que cuando arriesgas puedas saber si en la piscina hay agua, si solo hay un palmo, o si no hay. La administración balear, volver a dar impulso al Talent IB y otras iniciativas que permitan exportar el talento que tenemos. Las compañías debemos aprender a terminar mejor los espectáculos, y sobre todo ganar autoestima. En cuanto al apoyo privado, de momento no existe en la medida que debería. Ley de mecenazgo, incentivos fiscales, etc., hasta ahora solo llegan a la gran industria mediática, no a nuestro nivel, aunque ahora mismo estamos en conversaciones con inversores privados para un proyecto fantástico, en unos mesecitos sabréis cosillas… cuquis.
5- ¿Cuándo te diste cuenta de que realmente querías ser un «soldado, un peón, un currante de la cultura»? ¿Había en mente una dedicación plena? ¿Qué puedes recomendar a aquellos que comienzan a dar los primeros pasos? Me di cuenta demasiado tarde, ¡ya no podía volver atrás! La actriz y amiga Lina Mira dice que yo no soy productor, dice que soy el que lleva la iniciativa. Supongo que es el carácter de cada uno. El mío me tira siempre hacia tirar del carro, aunque en mi mente siempre ha habido más miedo que ímpetu. A los que empiezan les diría que vayan al grano, que no den rodeos, que si quieren actuar en tal teatro vayan y lo pidan. Sin miedo.
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