La entrevista de APAEMA. Joan Oliver: «Empecé con variedades francesas, pero pronto vi
Es habitual ver cómo algunos payeses que comienzan en el sector vienen de mundos profesionales muy distintos.
Es habitual ver cómo algunos agricultores que empiezan provienen de mundos profesionales muy distintos. El sector ecológico, de hecho, cuenta con un buen puñado de agricultores con formación universitaria diversa. Joan Oliver, en cambio, dio un gran salto, y lo hizo cuando eso de «volver a las raíces» más que una moda era algo inusual. Dejó los números y la vida de gestoría, oficina y Palma para volver a Felanitx y vivir del campo. Todavía dice que es un principiante, aunque ya lleva una veintena de años vendimiando sus viñas. Ahora mira hacia un futuro en el que pueda ir relajándose y bajando el ritmo. Pero, cuando se le pregunta por la jubilación, explica que dejar de venir a las viñas no es una opción. Ni cuando ha terminado de vendimiar ni con el paso de los días o los años.
¿Has sido agricultor toda la vida?
No. Casi soy un recién llegado. Hice oposiciones para ser funcionario, lo fui y después he trabajado treinta años en diferentes notarías. Tengo tres hijas, y cuando las dos primeras habían terminado la carrera hablé con ellas y les dije: «estoy harto de la ciudad». Y me lancé de lleno a hacer viña.
¿Qué edad tenías?
53 o 54 años. En el año 2005 planté la primera cuarterada de viña. Unos años después dejé el trabajo y, hablando claro, me quedé bastante al descubierto.
¿Y de dónde aprendiste?
YouTube. Y algún vecino. En este barrio todos los vecinos llevaban la viña en convencional y bien convencidos, aun así tenemos muy buena relación. Y siempre hemos debatido mucho, sobre todo al principio; ahora ya me dan por imposible, supongo (Ríe). Bueno, yo no tenía la influencia de nadie y pude partir con cierta libertad. Podía hacer las cosas a mi manera.
¿Y por qué te decidiste por la viña?
Porque era lo que había en el barrio. Mirando, mirando, en el año 2005 cuando llegó el momento de empezar a plantar, la uva tenía un precio razonable. Hice números de lo que necesitaba y pensé: «venga Joan, ¿lo probamos?». El paso lo di unos años después de haber plantado la primera viña, y mientras tanto planté algunas cuarteradas más. Después dejé el trabajo y aproveché los dos años de paro. Los ahorros se fueron tras un pequeño tractor y dos herramientas, cultivadores y bomba de sulfatar. Todo eso con la inseguridad que te da no tener ni idea de lo que estás haciendo. Es un mundo en el que te surgen dudas constantemente. Fue un poco emocionante, quizás a ratos un poco demasiado.
El cambio de trabajar en una oficina al campo debe ser enorme.
Enorme. Y no era como ahora. Pero tenía muchos correos electrónicos y el teléfono sonaba sin parar. De eso a estar aquí en medio y escuchar pajarillos. Me asusté un poco… Después, con el paso de los años supongo, te lamentas de no haber hecho el cambio antes. Pero no podía.
¿Qué fue lo que más notaste del cambio?
La diferencia de trabajar para otro o para uno mismo. Aquí te juegas el sustento. Cuando te vas de la viña nunca desconectas del todo. Siempre tienes la cabeza con una parte aquí. No puedes descuidarte en ningún momento. Siempre piensas: «mañana, ¿por dónde empezamos?».
¿Y a la hora de planificar la viña qué variedades elegiste?
En un primer momento pedí consejo a Xesc Grimalt, de 4kg. Él muy amablemente vino y me aconsejó poner Sirà y Callet. Le hice caso. Pero en la segunda viña, que hacía unos ocho mil metros, planté Chardonnay. ¿Por qué? Pues porque era socio de una bodega compartida con cuatro amigos. El enólogo y un vecino de confianza coincidieron en que era una buena opción. La tierra aquí es muy pobre y en aquel momento todavía no tenía agua, y le costó mucho arrancar. Tenía que labrar mucho para sacar algo, siguiendo los consejos que me daban los vecinos convencionales. Después, la tercera parcela que hice fue de Sirà y Chardonnay. Iba un poco a la antigua: variedades francesas. Pronto vi que era mejor ir a las variedades autóctonas. Claro, cuando vas aprendiendo pasan muchos años. En según qué tipo de trabajo te equivocas ahora y lo vuelves a probar en 10 minutos. Aquí, entre prueba y error, como mínimo pasa un año, dos, tres o cuatro. La cuarta parcela de viña, unos 5.300 metros, ya fue de Callet y Prensal y un poco de Giró. La quinta ya fue solo Callet, pero la viña sufrió.
¿Cómo así?
El Callet, igual que el Chardonnay y en menor grado el Prensal, han resultado ser muy sensibles a la Xylella. En este barrio nos ha hecho mucho daño. Arranqué media viña de Callet porque hacía tres años que cada año podía retirar 800 cepas, con el coste que tiene retirarlas, traer una retro pequeña, sacar el tocón, plantar un patrón, esperar, proteger de los conejos, injertar, formar… y eso son años en los que no produce. Hace mucho daño a la moral este tema. Una cosa que aprendí pronto es que este trabajo, a la intemperie, es duro si no estás acostumbrado. Tienes que ser un inconsciente, y yo no estaba acostumbrado. Pero la necesidad ayuda (Ríe).
Aun así, veo que si ahora tuvieras que plantar, te decantarías por variedades locales, ¿verdad?
Es hacia donde va el sector. Y lo que demandan más las bodegas. Creo que es lo que toca. En Mallorca podemos diferenciarnos con estas variedades locales. No podemos plantar lo mismo que en Francia, Argentina, California y en todas partes. Además son más rústicas y necesitan menos trabajo. Con el Chardonnay, por ejemplo, tengo que estar muy encima. Enseguida tengo que deshojar y quitar los brotes para que no agarre oídio. Y si te coge, en ecológico solo puedes rezar un padrenuestro o, mejor, una salve que es más larga y debe ser más efectiva.
¿Ahora ya no lo haces solo en secano?
Hace unos años hice un pozo y me ha ayudado mucho. Coincidió también que lo hice justo cuando empezó a escasear la lluvia. Aun así la planta lo pasa mal, no es lo mismo el agua del cielo que la de la tierra. El año pasado también me aventuré a no labrar. Hacer un poco de agricultura regenerativa. Mucha gente me dice que tengo que labrar o que tengo que quitar las zarzas. Pero el que tiene que equivocarse o acertar soy yo.
¿Desde el principio empezaste con certificación ecológica?
En aquel momento en el barrio no había ningún ecológico, creo. Yo los dos primeros años lo hice en convencional. Aplicaba lo que me decían: ahora esto, ahora aquello. Hasta que le dije a mis socios de aquel momento, que eran de Vi d’Auba, que yo lo pasaba a hacer en ecológico. Al año siguiente todos se pasaron a ecológico.
¿Cómo así? ¿Te asustaste de lo que aplicabas?
Encontré que no era lo suyo… Mira, iba a vendimiar a viñas convencionales y de tocar las hojas y el fruto te quedaba una película que yo decía: «esto no puede ser bueno». No tiene explicación. Fue una convicción que me salió de dentro. Debía ser el año 2008. En aquel momento éramos pocos y hoy ya hay más viñas ecológicas que convencionales en Mallorca.
¿A ti te ha atraído más estar en el campo que en la bodega?
Bueno, hacemos vino para nosotros, faltaría más. La inversión para tener una bodega es bastante importante. Por pequeña que sea. Después de dejar el proyecto de Vi d’Auba empecé a vender la uva a otras bodegas. Lo tengo un poco repartido y la relación con todas ellas es excelente. Estoy muy contento. Ahora llevo unas 6 cuarteradas, cuatro hectáreas aproximadamente. Es un tamaño humano para uno solo.
¿Quieres o tienes capacidad para crecer?
Tengo capacidad y quizás querría dos cuarteradas más de viña o de olivar para poder tener a alguien que me ayude un par de meses al año. De hecho lo estoy buscando. Empiezo a tener ganas de aflojar un poco. De hacer un poco el señor (Ríe). Pero para eso tendría que crecer un poco, sí.
¿Estás en la ADV (Associació de defensa vegetal) de APAEMA?
Desde hace medio año. Estoy muy contento con nuestro técnico, Andreu Vila. Agradecido. Es cierto que creo que no todos seguimos el 100% de las indicaciones que nos da, pero creo que él ya lo tiene en cuenta (Ríe). Mira, pensaba que ya me quedaba poco por aprender y con él he aprendido mucho. El grupo que tenemos con todos los productores de viña y aceite también es útil para compartir experiencias. Lo que ahora parece algo trivial, hace quince años no existía, solo podías hablar con los vecinos.
También formaste parte del viaje a Catalunya para conocer proyectos pioneros en agricultura ecológica regenerativa.
Fue deprimente. No por nosotros, que el ambiente era estupendo. Fuimos a una serie de lugares donde hacía años que no llovía y veías a la gente, los propietarios de las fincas, muy abatidos. Lo estaban pasando mal. Creo que si hace años que llevas un manejo regenerativo y vienen años malos, puedes defenderte mejor. Pero sin agua para empezar es muy difícil. Lo sé por experiencia. Tienes que pasar lo peor.
¿Por qué dejaste de labrar, tú?
Supongo que me lo empecé a plantear por lo que veía en las redes. Veía que si labraba y dejaba la tierra hecha polvo, luego venía un viento y se lo llevaba todo y parte de la tierra se perdía si no había vegetación. Es exactamente como lo que nos llega del norte de África, esas lluvias de barro. La ventaja es que da menos trabajo, y por tanto menos gasóil y horas de estar aquí y gastos del tractor. Si llueve puedes entrar enseguida, no tienes que estar parado.
En los últimos años está mejor visto empezar un proyecto agrícola en Mallorca. ¿Has notado un cambio tú? Desde que empezaste, ¿ves que hay más margen para vivir del campo?
Hay pocas cosas que den para vivir del campo. En un tiempo había cerdos, y reventaron. Después reventaron las vacas. En las vaquerías pusieron alemanes, que todavía están. Los algarrobos de momento han durado dos años y ya no vale nada. Ahora veo que la viña, el olivar o quizás la huerta es un poco más estable. Pero tienes que tener claro cómo harás la comercialización. Aun así, no hay nada seguro. Tienes que llevarlo como una empresa, sin romanticismos.
Ya hay voces que dicen que el sector del vino está saturado en Mallorca. ¿Qué piensas?
Veo que los que pueden acabar mal son los grandes inversores —extranjeros sobre todo— que no conocen el mercado. Los que irán bien son los que conocen el mercado, apuestan por variedades locales, tienen un discurso ligado al territorio, etc. ¿Qué pasará? Que si estos proyectos, ligados a gente foránea, caen, las viñas quedan. Y la uva también. Ahora ha cambiado, pero el consumo de vino local en Mallorca era muy pequeño. Hay mercado para crecer y creo que el futuro será ecológico o no será. No sé si llegaremos nunca al 100% de viña en ecológico, porque hay quienes lo tienen muy claro, de momento. Pero nos acercaremos. En ecológico se pueden conseguir las mismas producciones y calidades que en convencional, está más que demostrado. Eso sí, tienes que estar encima.
La última. Y esta la hacemos siempre a todo el mundo. ¿Qué te aporta APAEMA?
Siempre me ha ayudado. El trato es exquisito. Todo el equipo siempre me ha tratado muy bien. Incluso gente que no me conocía de nada. Recuerdo un día que fui a la oficina y Jero, que se encarga de los temas administrativos, hizo lo imposible por ayudarme en aquel momento porque me había desplazado. Y solo dije que era socio y necesitaba ayuda. Todavía nos reímos cuando nos vemos. Hay una calidad humana impresionante. Y la labor que hacen es un 10. Jóvenes con ganas de sacar adelante las cosas. Mucho coraje. APAEMA es un punto de apoyo cuando no tienes dónde agarrarte. Y eso puede marcar la diferencia en momentos delicados.
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