Entrevista a Martí Mascaró, Mel Caramel: «La apicultura es como una droga»
Martí Mascaró, de Mel Caramel, referente de la apicultura ecológica en Mallorca con once mieles eco, siete medallas de oro y el Biolmiel 2018.
En Mallorca no es fácil certificar una miel en ecológico. Hasta hace bien poco, Martí Mascaró de Mel Caramel era el único que tenía. Ahora ya tiene once mieles eco, una por cada finca donde tiene apiarios. Martí quedó deslumbrado por las abejas hace una veintena de años y hoy, dentro del sector, es uno de los referentes aunque él quiera pasar desapercibido. Y se lo tiene bien ganado: siete medallas de oro, tres medallas de plata y ganador del Biolmiel 2018, el concurso de mieles ecológicas más prestigioso del mundo. Ahora, junto con la Fundació Vida Silvestre Mediterrània presenta un documental sobre la importancia de las abejas y los insectos polinizadores.
Podemos empezar un poco por el principio, si quieres. ¿De dónde vienes y por qué has acabado siendo apicultor?
A la apicultura llegué por un accidente feliz. Trabajaba en el sector turístico y tenía un jefe que tenía abejas y lo oía hablar. Que si las abejas hacen esto o hacen aquello. Me fue entusiasmando y un día le dije «a ver, ¿puedo venir contigo?». Este hombre se llama Joan Ferrer Llompart. En el momento en que abrimos una colmena ya dije que quería tener abejas sí o sí. Fue instantáneo. Sentía admiración por los apicultores. En aquel momento me parecía un mundo tan diferente del que yo estaba viviendo. De esto que hablo hace 20 o 22 años.
¿Cómo fueron tus inicios entonces?
Empecé teniendo abejas en casa de mis padres. En una finca en Inca, muy pequeña, de cuatro cuartons. Hasta que un día a mi madre la picaron, y me dijo «llévate esto porque no nos hace ninguna falta y nos condiciona la vida en casa» (ríe).
¿Y hacia dónde fuiste?
En aquel momento pensé que tenía que buscar fincas grandes donde trabajar con tranquilidad y no tener que preocuparme por los propietarios. La primera finca que salió fue Ses Cabanasses de Petra, de Jaume Jaume. Él trabajaba conmigo y un día me lo ofreció. Le dije que no, que estaba muy lejos. Pero me hizo ir a tomar un café y también fue amor instantáneo, no pude decir que no. Desde entonces siempre he ido a fincas grandes.
En Ses Cabanasses pudiste certificar tu miel en ecológico por primera vez…
Sí. Pasaron dos o tres años y un día Jaume me dijo que la habían inscrito como ecológica y que mirara si se podía certificar la miel como eco. Me quedé sorprendido porque sabía que los requisitos eran difíciles y cuando recibí la carta donde decía que la miel estaba certificada pegué un salto de alegría. Fue como si me tocara la lotería.
Para quienes no conozcan la normativa, imagino que el requisito más complicado para certificar miel eco en Mallorca es la extensión que se exige.
Hay un protocolo de cinco o seis requisitos muy importantes. Pero el más difícil de cumplir es que en un radio de tres kilómetros no debe haber agricultura industrial, convencional… Ni pesticidas ni químicos. En Mallorca no tenemos fincas de ese radio. Hay fincas, sin embargo, que con los vecinos que están certificados en eco, o con la orografía de la finca, sí que se puede. Porque las abejas no cruzan una montaña para recolectar néctar o bien tienes el mar como barrera, por ejemplo.
¿Y ahora mismo, cuántas fincas llevas?
Entre eco y convencionales, unas veinte.
¿Y cómo se puede manejar todo eso?
Yo ya estoy sobredimensionado. Pero la apicultura es como una droga. No puedes parar. Es como estar enamorado, que solo piensas en esa persona. Lo que pasa es que el verano es muy duro. Hace mucho calor y agota. Y a veces me pregunto si me he complicado la vida. Hay días que te tiemblan las piernas de debilidad y es cuando entran las dudas. Pero hay otros que es un placer total trabajar en la naturaleza. Y sobre todo tener abejas donde las tengo yo, que son fincas que se gestionan muy bien y que son un espectáculo.
¿En qué momento pudiste dejar tu trabajo y dedicarte a esto totalmente? Bueno, entiendo que con tantas fincas ya solo te dedicas a las abejas.
No (ríe). En un momento dado hubo cambios en mi trabajo en el sector turístico y me pagaron la antigüedad ofreciéndome quedarme con las mismas condiciones, que eran buenas. Tuve un par de días de malestar. No dormía, tenía nervios… Y pensé: «ha llegado la hora. Dejo el trabajo, me lanzo a la apicultura y ya veremos. Si estoy un año de apicultor o dos, disfrutaré de la apicultura ese tiempo».
Unos años de salud mental.
Durante un tiempo trabajé para la cooperativa Pagesos Ecològics de Mallorca, pero como hacía el reparto y luego tenía que hacer rondas por las abejas, me era un poco incompatible. Demasiado coche, demasiados kilómetros. Más tarde, la Fundació Vida Silvestre Mediterrània me ofreció trabajo con proyectos relacionados con las abejas y sobre la naturaleza. Y la verdad es que me siento afortunado porque, por ejemplo, ir a la finca de Ariant es un placer enorme. Básicamente, ahora trabajo para la naturaleza de una manera u otra. De lunes a domingo.
¿Y esa relación con la naturaleza te viene de pequeño?
No. Ha sido de mayor. De muy mayor (ríe). Supongo que cuando llega cierta edad todo el mundo aprecia la naturaleza y te cansas del estrés. En mi caso me cansé del sector turístico y decidí tomar otro camino.
Alguien que empiece a hacer apicultura y quiera hacer el manejo eco, creo que pronto se topará con tu nombre. Eres uno de los ejemplos de éxito. ¿Qué crees que ha sido lo más determinante para poder llegar donde estás ahora?
Un poco de todo. Al final es, primero, la formación. Los cursos de Gori Lladó y Juanma Vergara, yo los repetí cuatro o cinco veces y ahora mismo los volvería a hacer. Son dos personas muy didácticas y disfrutas escuchándolos, son divertidos y pasas un par de días maravillosos. También es importante la experiencia, de decir «el año pasado hice esto y me fue mal». Este año tengo que hacer esto otro. Y hoy en día también con las redes sociales y el YouTube miras lo que hacen otros apicultores y vas haciendo pruebas a ver qué se ajusta a nuestro clima. Básicamente, es eso, la experiencia es fundamental para producir ciertas cantidades de miel y al menos poder empatar con la inversión que has hecho.
¿Cómo haces tu miel?
Yo recolecto por fincas. Cada una tiene su miel. Ofrezco, por ejemplo, miel de Monnàber Vell. Cada tarro tiene su etiqueta de su finca. En su momento pensé que teniendo abejas en las fincas emblemáticas de Mallorca, la gente debía saber de dónde provenían. No hago mezclas de diferentes mieles.
Tienes apiarios en algunas fincas públicas. ¿Cómo lo hiciste?
Bueno, hace quince años, sí que me quería comer el mundo. Un día conocí al biólogo de Son Real en Ses Cabanasses y le pregunté cómo podía hacer para tener abejas allí. Porque en aquel momento solo había tres fincas públicas inscritas como ecológicas: Son Real, el Parc Natural de Llevant y s’Albufera, que descarté porque había muchos abejarucos. Al Parc de Llevant un día fui a hacer una excursión y vi una finca pobre y bastante inaccesible para un coche normal, que yo tenía en aquel tiempo. Por eso opté por Son Real. En aquel momento no sabía que pasara tanta gente, sobre todo en fin de semana. Simplemente, hice una solicitud a la Conselleria de Medi Ambient para promover la apicultura ecológica en Mallorca. Me hicieron una autorización para tener un apiario de un año prorrogable por otro a cambio de hacer talleres informativos. Y así llevo siete u ocho años. También tengo abejas en Galatzó y en Planícia. Al principio la gente me decía que estaba loco por tener abejas allí y ahora me preguntan cómo lo he conseguido. Ha cambiado un poco.
Tienes una de las imágenes comerciales más cuidadas de todo el sector. ¿En qué momento te diste cuenta de que era importante?
Vengo del sector del comercio y del turismo, y sabía que implicaba vender un producto. Significa que tiene que haber una historia detrás. Quería una imagen muy profesional. Cuando me topé con Tarek, el fotógrafo, nos entendimos desde el primer minuto y todo ha ido rodado. Yo quiero vender la miel porque es buena, pero también por imagen. Y eso, quizás hace siete u ocho años, era un poco innovador.
¿Cómo haces la comercialización?
No vendo miel en ninguna tienda de Mallorca, ni de ningún sitio. Una parte de mí se pregunta si me estoy equivocando, pero otra me hace sentir orgulloso. No quiero que otra gente revenda mi producto. Quería que la relación productor consumidor fuera lo más directa posible. Ha habido momentos también de debilidad, claro, en que te sale alguna tienda que dices «¡ostras!»… Pero quien quiera miel mía tiene que venir a mí. Me gusta que tengan que buscarla un poco, que haya un poco de misterio para encontrarla, como un tesoro.
Lo entiendo. ¿Y qué tipo de gente se te acerca?
Todo tipo de gente. Al principio, como idioma principal en mi página web puse el inglés. Pensaba que la página funcionaría en Alemania o en el norte de Europa. Y al final cambié de idioma principal porque mis principales ventas eran en Mallorca. Fue una sorpresa enorme, porque no pensaba que la gente de aquí me comprara miel a través de la página web. También supongo que es resultado de eso, porque no está en ningún sitio. No sé si voy equivocado o no, pero es mi filosofía.
¿Cada año la acabas?
Sí. Así que voy a mi ritmo. Ahora es momento de recolección y después vendrá la venta. No vendo todo el año, tengo estos momentos muy separados.
¿Y ahora que no hay ninguna duda del cambio climático? ¿Que los veranos…
Son más largos que nunca y los inviernos más cálidos que nunca. Ya no sé si de aquí a unos años incluso la abeja negra de Mallorca lo aguantará.
Por ahí iba la pregunta.
Claro, con el cambio climático no coinciden el ciclo de floración de las plantas con el ciclo de máxima población de insectos. Cada año va más desbaratado. Y no lo sé. Cada año es más difícil.
¿Qué te ha supuesto ser socio de APAEMA?
Al Grup d’apicultura eco nos ha ayudado muchísimo. Ha unificado a apicultores con unas ideas bastante similares, en torno al manejo ecológico. A mí personalmente me ha ayudado a crecer como apicultor y me sigue ayudando a crecer. Propicia este intercambio de mucha información entre los diferentes apicultores. Aunque a veces no participe mucho del grupo, porque no tengo tiempo, al menos lo leo. También es una asociación que me ha ayudado a crecer como persona, porque todos estos fundamentos ecológicos también me han ayudado muchísimo.
¿Hacia dónde te gustaría que tirara la asociación?
Yo creo que el futuro de APAEMA está encaminado. Incluso he participado económicamente en este movimiento para comprar una finca y disponer de un centro logístico. Tenemos gente muy válida e implicada para tirar de la asociación, que sienten la agricultura ecológica como algo propio. Con ellos, la agricultura y la apicultura ecológica en Mallorca están aseguradas.
¿Y tú?
Yo soy un apicultor pequeño y quiero seguir siéndolo. Quiero controlar todo el proceso, que mi miel tenga mi cara y tener contacto directo con el consumidor. Todo eso implica mucho trabajo. No quiero que Mel Caramel se industrialice. Quiero ser muy artesano y pequeñito. Es mi objetivo. Tampoco sé si querré ser apicultor en este nivel toda la vida.
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