Hermanas Riera: «Si hubiéramos sabido lo fácil que era, lo habríamos hecho antes»
Joana y Bel Riera, agricultoras de Manacor, relatan su transición a la agricultura ecológica y su incorporación a la cooperativa de Mallorca.
Na Joana y na Bel Riera son dos hermanas de Manacor. Vienen de una familia agricultora dedicada a la hortaliza. Su padre, Jaume Riera, empezó y ellas han continuado el trabajo. Aunque na Joana durante unos años fue maestra, nunca abandonó el trabajo en el campo. Ahora, con el padre ya retirado pero siempre disponible para echar una mano, hacen semanalmente tres mercados: Manacor, Artà y Sant Llorenç. Además, coincidiendo con la finalización del período de su conversión a la agricultura eco, han pasado a formar parte de la sección de huerta en la Cooperativa Pagesos Ecològics de Mallorca.
¿Cómo empezasteis?
Esta es la finca de son Pere Andreu. Le da nombre una possessió que comprende todas las fincas de por aquí. Mi padre lleva casi toda la vida haciendo huerta. Mi hermana siempre le ha ayudado y yo no llegué a dejarlo nunca, pero durante unos años hice otra cosa para complementarlo. Siempre apetece probar otras cosas, así es como realmente sabes lo que te gusta. Estudié magisterio y fui maestra bastantes años en Manacor. Pero como me tiraba mucho, al final decidí volver a la huerta. No volví, sin embargo, porque nunca llegué a irme.
¿Cuántos años hace que dejaste de ser maestra?
Hará unos diez años, pero mientras tanto nunca dejé de venir. Primero se hizo joven agricultora mi hermana y después yo. A partir de ahí, yo ya tenía claro que quería ir hacia la agricultura ecológica, pero claro, como éramos un par tuvimos que ponernos de acuerdo. Los cambios siempre cuestan. Nosotras hemos sido convencionales hasta hace poco. Precisamente, en el mes de enero, hemos cumplido los dos años en conversión.
¿Qué era lo que te hacía querer pasarte a ecológico?
Todo. Veía que el uso de herbicidas y pesticidas, que eran productos contaminantes, era peligroso para nosotras y para todos. No es que nosotras usáramos muchos, porque no éramos de eso, pero claro, quieras o no siempre tenías esa opción. Eso contradecía mi conciencia. Después empezamos a conocer gente que cultivaba en ecológico y ya teníamos la sensación de que íbamos contra la naturaleza.
¿Os ha costado mucho hacer el cambio?
Parece que tiene que costar mucho cuando empiezas. En lo que más pensábamos nosotras era en el estiércol y los abonos, pero la verdad es que ha sido más fácil de lo que creíamos. Además, hay mucha más flexibilidad y variedad de productos en el mercado y también hay mucha gente con experiencia ya. También nos fue muy bien contar con el apoyo de APAEMA y de otros agricultores ecológicos. Si hubiéramos sabido que era tan fácil pasarse a ecológico lo hubiéramos hecho antes, esto pasa muchas veces.
¿Cómo solucionasteis el tema de los abonos?
Siempre hemos usado estiércol de animales nuestros. Ahora simplemente es cuestión de planificar un poco más y tenerlo en cuenta. Nos preocupaba la fertilidad del suelo e hicimos un análisis de tierra. Pero en Miquel Serra nos decía que estaba muy bien y que no hacía falta que echáramos nada. ¿El primer año? Pues nos preocupábamos, pero fue de maravilla y el segundo también.
¿Habéis notado los efectos del cambio climático?
Hicimos los invernaderos para poder alargar un poco más la temporada y ahora lo que vemos es que los inviernos son un poco más impredecibles. Antes hacía más frío y según qué productos, como la lechuga, los hacíamos dentro del invernadero para que crecieran más deprisa, pero ahora quizás crece demasiado rápido incluso. Se notan los cambios, hay más sustos, como los temporales de viento o como hace unos años que cayó una granizada y nos agujereó todos los plásticos de uno de los invernaderos.
¿Por qué momento está pasando el campo? ¿Qué futuro tenemos?
Ahora más que nunca todos los trabajos son complicados. Creo que hemos pasado por un momento de reflexión y mucha gente ha vuelto a la tierra y algunos se han puesto a cultivar para hacerse su propio alimento. Quizás ahora la gente valora un poco más el trabajo en el campo, pero aun así es difícil. Para dedicarte a esto tienes que tener una base previa. Me refiero a gente que haya trabajado, como es nuestro caso, que mi padre era agricultor y ya tenía las tierras y una buena base. Empezar de cero es complicado. Además, esto es muy vocacional, es como ser maestro o ser médico: te tiene que gustar. No es un jornal normal, es un estilo de vida y lo tienes que querer hacer.
¿Crees que la gente piensa que el trabajo en el campo es duro?
Es duro todo lo que no te gusta. Estar sentada ocho horas en una oficina delante de un ordenador sería más duro para mí.
¿En los mercados habéis notado más interés a raíz de la pandemia?
Ha venido gente que antes no venía. Sobre todo cuando empezó, porque la gente no iba a trabajar, suponemos. Ahora mucha gente ya se ha reincorporado, pero sí que vemos que hay un poco más de conciencia. Lo que también hemos notado es que desde que hemos estado en conversión, en según qué pueblos donde hay muchos residentes extranjeros, han empezado a venir más clientes por el hecho de ser ecológicos.
¿Los locales valoramos menos que sea ecológico?
Hay gente que lo valora. Pero nosotras en los mercados siempre hemos notado que la gente valora que el producto sea de aquí. Nuestros clientes de siempre quizás no miraban tanto que fuera ecológico, pero sí que fuera local y que fuera fresco. Sabían cómo trabajábamos y quieras o no hay una confianza en que no hacíamos ningún desastre. Y desde la conversión, nuestros clientes de siempre no han dejado de venir tampoco.
¿Haceros ecológicas os ha hecho subir los precios?
No nos ha afectado. Ya defendíamos el producto por el hecho de ser todo nuestro y de dar una garantía de que estaba bien hecho. Esto nos ha servido para llegar a nuevos clientes.
¿Cómo valoras el trabajo que hacemos en APAEMA?
A nosotras nos ha ayudado mucho. Siempre tienes dudas a la hora de empezar y nos ha servido de guía y sobre todo para conocer a mucha gente. Y ahora estamos muy contentas porque nos ha ayudado la creación de la sección de huerta dentro de la Cooperativa de Pagesos Ecològics y se está haciendo muy buen trabajo para crear red y trabajar conjuntamente.
¿Cómo os va con la planificación colectiva de cultivos para la cooperativa?
Se trata de repartirse los cultivos y planificar para tener de todo en cantidad. Hacemos esta planificación y también tenemos un asesoramiento técnico constante. Pero claro, todos los comienzos hasta que no coges un poco el ritmo cuestan. Además, las cooperativas no tienen buena fama en Mallorca y cuesta mucho. Pero hay buena voluntad y todos somos pequeños agricultores, y está muy bien porque nos ayudamos, tanto si tenemos carencias de género como si tenemos que hacer compras conjuntas. Hasta que no cojamos un poco de rodaje, nos ayudamos así. Todavía necesitamos muchas cosas, como un espacio común.
¿Os ha supuesto un crecimiento productivo entrar en la cooperativa?
No mucho. Nuestro objetivo no es crecer mucho más, sino reconducir un poco los canales de venta. Antes hacíamos muchos mercados, ahora hacemos menos y sacamos el género por otras vías. Hacer mercados es un jornal. Tienes que preparar el producto, hacer el viaje, montar y desmontar. Y después tienes dos jornales: la mañana en el mercado y la tarde la huerta, que no perdona.
(Entrevista realizada por el departamento de prensa de APAEMA)
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