Miquel Àngel Lobo, agricultor de T’Estim infusions: «En una asociación pro salud mental
Miquel Àngel Lobo cultiva plantas aromáticas en la finca de Estel de Llevant en Manacor, proyecto de agricultura ecológica con dimensión terapéutica y social.
En Manacor hay un pequeño oasis. La asociación Estel de Llevant cultiva, en Sa Vall de la Nou, plantas aromáticas y medicinales. Y al contrario de lo que puede pensar mucha gente, no es un tipo de agricultura menor o que tenga menos valor porque no produzca «kilos» como la hortaliza o el cereal. Aquí todo tiene una dimensión terapéutica y todos necesitamos una taza para calmar un dolor de barriga o por placer. Miquel Àngel Lobo es el agricultor de este proyecto de infusiones ecológicas, entre las cuales se encuentra la infusión DONA, ganadora del Premio producto eco del año 2022. Lo entrevistamos para conocer esta agricultura transformadora. Todas las fotografías de la finca que encontraréis son de Tomeu Leonard, usuario de l’Estel de Llevant que nos sirvió de ayudante de fotografía y guía.
¿Cómo fue el proceso de creación del proyecto?
Se buscó una finca donde sembrar y después hicimos el obrador donde tenemos el vivero. Allí ya se han podido contratar tres personas a jornada completa, dos de ellas exalumnos. La idea es ir creciendo y consolidando más puestos de trabajo.
¿La finca es vuestra?
No, tenemos un acuerdo de alquiler por 15 años, con la idea de prorrogarlo. Porque lo que cultivamos no es como la hortaliza; son plantas que pueden estar hasta 5 o 6 años sembradas. Era uno de los requisitos del proyecto tener un contrato de alquiler de larga duración y, en parte, fue posible porque la propietaria tiene afinidad con el proyecto. Esta finca llevaba entre 15 y 20 años sin ningún mantenimiento. Antes se cultivaba hortaliza y los agricultores que la trabajaban siguen haciéndolo, pero en otra finca de Sa Vall de la Nou.
Es un lugar idílico, la verdad.
A nosotros nos gustó mucho. Porque teníamos un par de opciones más, pero este, a nivel terapéutico, es ideal. Es un lugar tranquilo, muy pausado, prácticamente no pasa nadie, porque en coche no llegas a ningún lado… Encontramos que era un espacio de trabajo muy positivo para ellos y ¡es verdad! Hay gente que trabajando en el vivero, por ejemplo, se estresaba un poco y no funcionaban del todo bien, y aquí es totalmente diferente. A la gran mayoría les gusta mucho más venir aquí. Los días de formación a veces me hacen la broma y me preguntan si no me los llevo. Y mira que aquí hace calor y hacemos mucho trabajo, pero es un espacio abierto, con los pájaros, el torrente de Na Borges…
¿Qué cultiváis?
Prácticamente todo lo que tenemos son plantas autóctonas: romero, hierbaluisa, tomillo, hierbabuena, menta piperita, naranjo, lavándula, lavanda, hinojo, trepó, manzanilla; en el vivero tenemos salvia, y también aprovechamos la hoja del acebuche. El trepó, que normalmente nace en las cunetas y crece en muy poco espacio, allí, con agua y tierra, produce unas plantas enormes. El hinojo lo hemos hecho a partir de la semilla de aquí, del camino, también. Hacemos el plantel en el vivero y después lo trasplantamos aquí. Además, cuidamos los árboles frutales que había, hacemos un poco de hortaliza para autoconsumo y multiplicamos semilla para la Asociación Variedades Locales.
¡No es poca cosa!
Tengo un problema, supongo, y tengo que sembrar hortaliza donde sea. Si veo un pedacito de tierra vacía le ponemos hortaliza. No tiene ningún sentido no aprovechar el agua y la tierra. También es una pequeña ayuda para los usuarios, ya que muchos de ellos tienen dificultades económicas. Además, que todos puedan sembrar su propio alimento es una herramienta educativa muy poderosa. Ahora tenemos tomateras a rebosar y ¡eso va a ser tremendo! Cada semana vamos repartiendo y metiendo en las mochilas si hace falta. Obviamente, la producción principal es para hacer infusiones aunque hagamos hortaliza para el autoconsumo.
¿Cómo fueron los inicios?
Empezamos a trabajar la finca un poco antes de que comenzara todo el revuelo de la pandemia y nos confinaran a todos. Todo eran zarzas. No se veían ni los árboles. Puede parecer exagerado, pero no lo es en absoluto; era algo tremendo. Poco antes del confinamiento sembramos el primer bancal y poco después los alumnos tuvieron que irse a sus casas. Para ellos fue muy duro, porque estar encerrados no es lo mejor que les puede pasar. Nos quedamos aquí los profesores y fuimos los que sembramos la finca en su gran mayoría durante ese tiempo, porque evidentemente sembramos cada año. Con los alumnos hicimos prácticamente toda la limpieza.
El proyecto se pensó certificar en ecológico desde su inicio, ¿verdad?
Sí. En una asociación en pro de la salud mental no tenía ningún sentido hacer un producto que no fuera ecológico. La salud pasa inevitablemente por la alimentación y el cuidado de cómo se produce el alimento.
¿Cómo hacéis el trabajo, cómo os organizáis?
El trabajo lo sacan ellos adelante. Aquí todos somos iguales a la hora de trabajar. Tenemos la finca dividida en bancales numerados, porque nos resulta más fácil para decir y repartir las tareas. La organización depende totalmente de la temporada. Algunos de ellos, por la experiencia previa que tienen o el tiempo que llevan, ya empiezan a coger algunas herramientas como el motocultor o la desbrozadora. Pero no tenemos nada mucho más grande que eso. Lo hacemos todo básicamente con las manos y los azadones. Yo de ellos estoy muy contento. Hacen un esfuerzo por venir. Es un trabajo duro y no todo el mundo se pelea por ser agricultor en Mallorca.
¿Qué feedback te dan ellos?
Es muy bueno. Cada diez días hacemos asamblea con ellos, para ver cómo se encuentran y para darles un espacio más, aparte del día a día, para que puedan expresarse. Y en general están muy contentos. Además, yo cada día hago una ficha de cómo les ha ido el día. Tienen la confianza de decirme si están bien o no. Van haciendo trabajo, y unos días rinde más y otros menos. Pero lo importante es que el trabajo va saliendo. Entre ellos hacen muy buen equipo y si ven que uno no puede tirar el resto hace un poquito más, pero nunca presionamos. Se hace lo que se puede.
¿Y qué te comentan de la finca?
Mira, un ejemplo: hasta hace poco no hemos empezado a tener hierba. Y ves que aquellos que han hecho algo de jardinería o tienen huerto en casa, la hierba les pone nerviosos. Cuando implantamos el cultivo y la planta es pequeña, sí que necesita todo para ella, o a la hora de recoger, que necesitamos que esté limpia. Pero la gran mayoría del tiempo la hierba no molesta; es una cuestión cultural o estética. Estas plantas y las raíces van haciendo su trabajo, retienen humedad.
También haces pedagogía agroecológica, pues.
Nosotros hacemos agroecología y procuramos educarlos en estos valores. Porque, volviendo al punto de vista de la salud, no puedo entender que los trabajadores del campo todavía tengan que exponerse a según qué tareas, como fumigar con productos que son perjudiciales. Al menos estos aprendizajes los tienen, porque soy consciente de que si salen de aquí y acaban trabajando en el sector pueden terminar en un tipo de explotación convencional donde les hagan creer que no hay ningún problema ni riesgo en hacer fumigaciones a voluntad. Ver a gente haciendo aplicaciones sin ningún tipo de protección da miedo.
Veo allí un buen montón de compost.
Sí, hacemos nuestro propio compost, compramos o recogemos estiércol de algunos vecinos que tienen animales y el agua nos viene de la fuente de Na Memòria. Tenemos acceso al agua una vez a la semana, porque formamos parte de la comunidad de regantes.
¿Cuál es el secreto para que vuestras infusiones sean tan buenas?
Cuando la gente pruebe las infusiones, si todavía no lo ha hecho, notará que son intensas. Incluso con una bolsita puedes hacer un par. Esto es porque cuando segamos la planta entra directamente al secador. La planta es exactamente lo que sale de aquí y conserva prácticamente todas sus propiedades. Tenemos un secador solar en el obrador, que es una maravilla. Lo tenemos en una nave muy grande. Es de chapa, y en una vertiente justo encima del obrador se hizo una caja para acumular aire caliente que después mediante unas turbinas lleva el aire caliente al secador, y bueno, funciona realmente bien.
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