APAEMA entrevista a Antoni Noguera, de Can Ferrerico: «En dos años perdí cien cuarteradas»

Entrevistas 16 de noviembre de 2022 · 11 min de lectura

Antoni Noguera, de Can Ferrerico, habla de su sobrasada ecológica y de cómo las placas solares le arrebatan fincas en Mallorca.

Sector: Primario y agroalimentario
ph entrevistas

Antoni Noguera es el ejemplo de un proyecto ecológico maduro. Hijo de su tiempo, volvió al campo para dedicarse a él como había hecho su abuelo. Desde el principio apostó por la producción ecológica y la vida le llevó a centrarse en la cría de cerdos. De unas matanzas, acabó fundando una de las empresas de sobrasada con más renombre, por su calidad, de toda Mallorca. Ahora busca ampliar, pero las presiones a las que está sometido el suelo rústico son un limitante. ¿La última? Le echan de una finca porque quieren instalar placas solares.

¿Vienes de familia campesina?

Sí y no. Siempre hemos vivido en Porreres y mi abuelo vivió del campo. Pero mi padre ya no. A mí me gustaba mucho, aunque conduje camiones hasta 2001. Hubo un momento en que estaba cansado, entre comillas, de que me mandaran y de que no me reconocieran el trabajo hecho. Y dije… es el momento de trabajar por mi cuenta. Ahora, algunos días me arrepiento y otros no.

¿Empezaste directamente con los cerdos?

No. Primero tuve un rebaño de ovejas y hacía cereal. Las ovejas las puse porque las tierras eran muy pobres y los años muy escasos. Con un rebaño aprovechas lo poco que tienes. Desde el principio empecé a buscar fincas, y conforme las iba cogiendo las daba de alta en ecológico.

¿Por motivos económicos?

En un principio, sí. Te soy muy franco. Tenerlo con eco, en la PAC, se notaba. Pero después ya no. Además, cuando empezábamos recibíamos palos de por todas partes, los de eco. Nos veían como hippies. Era la mentalidad que teníamos aquí. Entonces, cuando llevaba dos o tres años en eco pude ir a BIOFACH y se me abrieron los ojos. En el norte de Europa hace muchos años que lo tienen claro, aquí todavía no.

¿Cómo has evolucionado estos años?

Me hice socio de la cooperativa Ecoilla y fue un cambio. Compramos un puesto en el Mercat de Santa Catalina, con carnicería, y la cooperativa necesitaba a alguien que hiciera cerdo para carne. Yo había empezado, y decidí hacer solo cerdo. Pero Can Ferrerico, la empresa que tenemos ahora, empezó con una fiesta.

¡Vamos, cuéntame eso!

Sí, sí. En unas matanzas, con amigos de la ciudad de mi hermano. Me dijeron: «Tú que engordas cerdos, ¿no te sobra alguno para hacer unas matanzas? Porque tengo unos amigos que me piden hacerlas tal como lo hacíamos nosotros antiguamente». Y las hicimos y las sobrasadas se quedaron curando en el techo de casa. Cuando estuvieron a punto y vinieron a buscarlas, ¡la gente alucinaba! (ríe). Uno de ellos me dice: «Este producto en el mercado no existe». Digo: «¡No, no!». Y me responde: «¿Y por qué no lo montamos nosotros?»

¡Y ya está! (reímos)

Yo dije que me iba bien, pero que aquí había mucho dinero que poner y yo no tenía ninguno. El hermano y el amigo dijeron que ellos lo pondrían, y así fue. Solo puse una condición, que ese era el producto que teníamos que hacer. No quería que le hiciéramos la competencia a ninguna empresa de las que ya hacían sobrasada a gran escala. Tenía que ser un producto exclusivamente ecológico y nada más. Y así empezó Can Ferrerico, matando veinte cerdos cada año y con coche particular a repartir la sobrasada. Once años después, ahora matamos casi 400.

Bueno, debes estar contento.

Mucho. Sé lo que me ha costado. Sé lo que llevo sobre los hombros. Pero estoy contento. Hay clientes que la compran por el sello, primero, pero sobre todo por lo buena que es.

O sea que ahora vivís principalmente de la transformación…

Sí, exclusivamente. Tengo el ciclo cerrado. Hago el cereal, la harina, tengo las madres y los lechones que nacen. Matamos entre 25 y 30 cerdos cada mes de forma continua. Y Ecoilla tiene uno cada semana para la carnicería. Además de la sobrasada hacemos el resto de derivados: butifarrones, camallot y paté, que no podemos elaborar nosotros por cuestión de espacio, pero son todos de nuestros animales. O sea, ¡que ya hay bastante! Pero yo empiezo a tener una edad y pesa. El futuro es hacer una fábrica nueva.

¿Has estado de aparcero en las fincas?

Siempre. En propiedad no tengo nada. Tener tierras si no te vienen de familia es complicado. Y ahora un mallorquín, menos puede meterse. Se acabó. En Mallorca estamos perdidos. Si queremos comprar algo o crecer tenemos que irnos a la península. Hasta ahora, más o menos encontrabas terrenos, pero entre los extranjeros que lo compran todo y los señores que han visto que los de las placas solares dan mucho dinero de alquiler… Aquí no hay nada que hacer.

En parte, te hemos entrevistado este mes porque nos contaste que te echan de una finca para instalar una estación fotovoltaica.

El día uno de enero empiezan las obras para montar placas solares. Es una finca en Santanyí y quizás llevo 10 u 11 años llevándola. Nunca hubo un contrato, porque siempre había sido de palabra con el señor mayor. Nunca tuvimos ningún problema. El señor murió, pronto hará un año, y las hijas estaban y están (porque tienen una cadena de hoteles) en Panamá. Cuando murió su padre querían conocerme. Me dijeron que sabían que llevaba las fincas, pero que supiera que había esto en marcha.

¿Conoces a más gente que haya tenido el mismo problema?

Muchos. Esta finca está cerca de un campo que ya tiene placas solares. En la finca donde estoy se hará todo de una pieza, son 50 cuarteradas. Entonces el vecino también se enteró y se pusieron en contacto con la misma empresa para poner más. Ya serán 70 cuarteradas más. En total unas 120 cuarteradas juntas. Solo en Santanyí están haciendo un par más. Y aquí, en Porreres, conozco un par de camioneros que transportan grava y tienen mucho trabajo de esto. Como no les dejan poner hormigón para las placas, ponen grava. A mí no será la última finca que me quiten por este motivo.

¿Y podrás hacer algo?

¿Y qué vas a hacer? Podría protestar, buscar un abogado y quizás me indemnizarían con algo. Pero en el momento en que armas lío y después buscas otra finca pensarán que si un día tienen que echarte tendrán problemas. Yo no soy de esos. Mira, me voy y para abajo. Ahora tengo que ir a verlos para ajustar cuentas del alquiler del año que ha acabado y entregaré el mando de la puerta y «adiós muy buenas». Y una finca menos y cincuenta derechos de PAC que me quitan. El año pasado se me fueron unas treinta de fincas que se vendieron, y ahora este año por culpa de las placas solares. «Suma y sigue».

¿Qué opinión crees que tiene el sector agrario sobre las placas en el campo?

Hay quienes dicen que está bien hecho y otros que no. Muchos creen que primero debería hacerse donde no moleste a los agricultores, y si no basta que al menos no se quite ningún cultivo. Claro, aquí el dinero manda. Conozco a uno que de una pradera ahora recibe sesenta mil euros al año de las placas. Si aquí no interviene la administración, no hay nada que hacer. Los agricultores no podemos dar tanto y menos de fincas pobres. Hay que ser realistas. Si tú fueras el propietario, ¿qué habrías hecho? 

Tiene mala herida esto… 

Los señores tienen un problema hoy en día. Empieza a haber cambio generacional y los hijos o nietos han visto que sus padres o sus abuelos sin trabajar sacaban mucho dinero de la finca. Pero tal como está la vida hoy en día, el agricultor que coge una finca no puede mantener al señor. Porque si no, yo solo llevaría una finca, no veinte, treinta o cincuenta, como llevo. Y hay muchos de estos que ahora sueñan con rollos. Y si te ponen ese pastel en la mano, lo coges.

¿Crees que falta regulación?

Creo que habría que hacerlo sin consumir tierra, primero, y si hace falta ya iremos a otros sitios. Pero no. Ahora lo hacen donde sea. Claro, ese terreno ya no necesita preparación. Es llano y no hay nada que moleste. Sabe que será fácil montarlo. Supongo que es más cómodo y barato que ir a los polígonos o a los tejados de edificios grandes.

¿Quieres añadir algo del tema?

Que nos podemos empezar a mentalizar…

¿Hacia dónde va Can Ferrerico? ¿Tienes relevo generacional?

Sí, tengo relevo. Un hijo trabaja en la fábrica y el otro querría hacer lo que yo hago en el campo, pero de momento, por desgracia no alcanza para los dos y él conduce un camión. Llegará un momento en que le diré «¡Vamos!» y pasará al frente y yo daré un paso atrás. Me gustaría darles una fábrica nueva montada. Así ya me puedo morir tranquilo.

¿Estáis buscando hacer una fábrica nueva, entonces?

Sí, nos ha quedado pequeño donde estamos. Empezamos en un garaje de una casa del pueblo, en casa de mi madre, y a pesar de las reformas y adaptaciones a la normativa nos ha quedado pequeño y tenemos alquilados otros espacios para guardar el producto. El año pasado presentamos un proyecto europeo para hacer esta fábrica que ya lo tendría todo, obrador, secadero, pero también una tienda y un restaurante para la degustación. Los papeles no nos fueron bien, pero si este año se vuelven a convocar lo hará una persona experta. Realmente esto de la fábrica nueva es una necesidad, pero sin una ayuda de este tipo no sé si lo podremos hacer.

Sé que tienes un producto nuevo que es una maravilla, pero para que se entienda de dónde sale, ¿puedes darnos unas pinceladas del manejo que haces de los cerdos?

Llevo ciento cuarenta cuarteradas dedicadas solo a que los cerdos estén en libertad, y trescientas más para hacer cereal y algo de legumbre. Aparte de lo que recogen ellos (hierba que sale, pasto, acebuche, mata, cuatro algarrobas, etc.), si un año es malo, compro harina hecha de cooperativas de Cataluña que son cien por cien ecológicas. Pero hay mucha diferencia de precio si hay que comprar fuera. Ahora, si voy perdiendo fincas no sé si tendré que reducir cerdos, o aumentar precios si quiero mantener la actividad.

Tú exportas también. Eso debe ayudar un poco a la economía…

Sí, casi vendemos más fuera que aquí. Tenemos dos tiendas en Palma, abastecemos a comercios y mercados y hacemos ferias. Pero exportamos sobre todo a Cataluña, Madrid y todo el Levante. Más lejos, tenemos un cliente en Alemania, y no sé si tenemos más porque a veces tenemos pedidos que nos sorprenden.

Vale, ahora sí, para acabar con buen sabor de boca. Habéis hecho pruebas para hacer jamón salado y dicen las malas lenguas que es impresionante.

También fue cosa del hermano. Quería probar a hacer un par de jamones de estos cerdos nuestros. En una feria conocimos a un empresario de la península que tenía un secadero natural, le propusimos y lo vio clarísimo. Evidentemente, tuvo que darse de alta en ecológico y hacer una zona aparte. Allá, además, no es como aquí que tenemos la suerte de tener el CBPAE. Allá lo lleva una empresa privada y las cuotas son saladas. Empezamos enviando diez «paletillas» y treinta muslos. Cuando llegó el momento de probarlo, aunque él ya nos había avisado, fue bestial, ¡pero bestial, eh!? Él ya nos lo decía: «¡No sabéis lo que tenéis entre manos!». Así que ya hemos empezado a enviarlo regularmente. Pero claro, es un proceso largo y hasta diciembre de 2023 no lo podremos sacar al mercado.

A todos les preguntamos qué les aporta APAEMA. 

Ser socio lo vi como una oportunidad, una ayuda real para nosotros. Siempre que hemos necesitado algo han mirado cómo poder hacerlo. Estoy muy contento porque en poco tiempo hemos crecido mucho y han salido cosas buenas. Y es la base de tener este respaldo. Ahora mismo, APAEMA es necesario para nosotros. Las cosas como son. Es decir, ¡no hay que parar!

Antoni Noguerade Can Ferrerico
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