APAEMA entrevista a Antoni Sureda: «Los turistas al mar, el abono químico al campo»

Entrevistas 21 de mayo de 2024 · 12 min de lectura

"En Toni ha ido a buscar un saco de cemento, ahora vuelve", me dice un albañil que repara una pared.

Sector: Primario y agroalimentario # Igualdad
APAEMA entrevista a Antoni Sureda: "Los turistas al mar, el abono químico al campo"

«En Toni ha ido a buscar un saco de cemento, ahora vuelve», me dice un albañil que repara una pared. Su padre, de 91 años, aparece por detrás con una pala en una mano y el bastón en la otra, guardando cosas. Me rodea una jauría de perros amistosos y les dice que me dejen hacer, después los llama. Espero un poco más, observo las plantas de amapola florecidas, el ciruelo viejo con ataduras de cuerda de fardo para arreglar pollos y gallinas viejas, la viña joven, el cielo nublado. Nadie diría que esta finca, sin artificios ni disimulo de las tareas más prosaicas, recibe visitas continuas de clientes y gente variada. Llega en Toni, finalmente; ve la grabadora y frunce el ceño, «con esto no puedes decir que no lo he dicho». Estamos en Son Vell de Son Macià.


¿Lloverá?

No.

Mala cosa.

Cuatro gotas, dicen. Nos lloverá tarde. Si cayeran 20 litros, para los árboles buenos serían, el problema es que abajo está bien seco, la humedad la tiene que hacer en noviembre, diciembre, y no cayó ni gota. Para el cereal, sí, pero es tarde.

Esta finca es un ejemplo de explotación familiar, lo tocáis todo, cuéntanos.

En conjunto son unas 100 ha y hacemos de todo. Hay 30 ha de trigo xeixa y florencio, que se los llevan dos productores de harina para consumo humano; cebada mallorquina y avena mallorquina para pasto y resembrar, y también vendemos algo. Cada vez hacemos más cebada porque da más alimento que la avena, los rebrotes (el grano caído que se siembra solo) hacen buen alimento con poco trabajo. La avena creo que no aguanta tan bien este cambio de clima como la cebada. Nosotros sembramos después de pasar la Virgen de Agosto para pasto de las ovejas, y el resto, depende, pero en Navidad tiene que haber nacido. Ahora la tendencia es que en septiembre te cae una lluvia y nada más hasta casi acabar el año, y vamos aguantando como podemos.

También hacéis legumbre variada.

Tenemos 10 cuarteradas de haba mallorquina, creo que somos de los pocos, y eso sí o sí hay que sembrarlo por Todos los Santos y la tierra tiene que tener buena humedad, tiene que estar en condiciones. Este año, hasta la segunda semana de enero no pudimos sembrar, y por mí lo hubiera dejado estar, pero tenemos el compromiso con la PAC, y Europa… tenemos que hacer lo que nos dicen. Ahora mismo las habas tienen una pequeña planta, han sacado una flor, una vainita en la parte de abajo, yendo muy bien muy bien no perderemos semilla.

También cultivamos garbanzo mallorquín, y aquí eso del clima sí que es un problema grave, grave. Toda la vida había visto sembrar garbanzo, que es planta de verano, el primer viernes de marzo. Ahora cada año tenemos que adelantar. Este año hemos sembrado por Santa Apolonia y arrancaron bien, quince días después hice una segunda siembra de la que solo ha salido la mitad. Y una tercera siembra, cuando tradicionalmente tocaría, que se ha perdido todo. No era el cultivo difícil e inseguro que es, le bastaba con cultivar unas pocas veces para guardar humedad, dos lloviznas y después perfecto.

Después, 1 ha de lentejas. Es como el garbanzo, cultivar quitando la hierba. En otro tiempo casi cada casa hacía un pequeño surco de lentejas, esa gente ya no está, y los grandes no quieren complicarse la vida con esta planta. Se siembra a finales de enero, principios de febrero, la nuestra ha arrancado muy bien, pero ahora se está secando. Esta lluvia que dicen, si cayera humedad suficiente y después se pusiera de sol y viento, que creo que de eso no tenemos que preocuparnos, al garbanzo y la lenteja les vendría muy bien.

Viniendo hacia aquí he visto un rebaño de ovejas en la ladera de enfrente.

Sí, en una explotación agraria eco yo veo forzoso tener animales. Las ovejas limpian los cercados y regeneran la tierra. A mí me hacen un gran trabajo. Combinan con todo lo que hacemos aquí, la viña, la huerta, los árboles. Me dan algo de rentabilidad y además me ahorran trabajos que tendría que hacer con el tractor. Y bordes y rincones que aprovechan. Eso sí, lo tienes que tener dimensionado para no tener que andar detrás de ellas, las paso de un lugar a otro y listo. Es una lástima que cada vez las vayan reduciendo, antes todas las fincas tenían un rebaño, más grande o más pequeño. Nosotros tenemos 100 de raza mallorquina.

Imagino que la huerta también es variada.

Sí, alrededor de 1 ha de huerta, con predominio de variedades locales, todo al exterior. Yo me siento a gusto con las variedades de aquí. Indudablemente, las variedades locales están mucho más preparadas para resistir el cambio climático, te podría dar buenos ejemplos de esto. Aquí multiplicamos cada año para la asociación de VL: coles, cebolla, perejil, pimientos.

De melón hacemos varios: d’Es clot des pou, que lo recuperamos nosotros a través de un ancianito de Felanitx, un melón redondo al que el sol no quema porque es blanco, le echas azufre y tampoco lo quema, la gente no lo conoce, no es muy grande, unos dos kilos, muy rústico, muy dulce en seco y produce bastante. Y es el que dura más, pasada Pascua normalmente todavía tenemos… También hacemos el Manto del señor, un melón muy fino, muy bueno, que no se conserva nada. Y después el blanco rayado, el fei, etcétera, casi todos de aquí.

En tomatera hacemos la de ramellet, la de ramellet en punta, la pequeña de pera mallorquina, corazón de buey… Y este año probaremos el tomate azul que se sembraba en otro tiempo, veremos si lo recuperamos; es un tomate rojo en realidad, plano, muy bueno de sabor para hacer trempó. He sacado la semilla de un matrimonio mayor y tengo la suerte de tener a mi padre y mi madre que lo reconocerán, si es que lo es.

¿Y cómo se vende todo esto?

Para la venta de huerta, tenemos un sistema que llamamos «turista recolector», es decir, una parte de clientes son turistas que vienen, recogen ellos mismos todo lo que hay, pasan por la balanza, pagan y se van. No es mal sistema porque no dan trabajo, igual están dos horas dando vueltas, ellos solos, y lo disfrutan. Cada día tenemos más clientes que vienen a hacer esto, se lo dicen unos a otros. Claro que tenemos unos comercios, que no tienen por qué ser tiendas de productos ecológicos, que esperan nuestra verdura, y se vende sin problemas a nuestro precio.

Pensaba que el vino era vuestro fuerte.

No, no. Sí es un hobby. Mi padre vendía la uva, pero un día, harto de aguantar según qué precios, encargué un depósito y así siguió. Cultivamos diez cuarteradas de viña, unas 10.000 botellas de vino.

Las variedades son callet, mantonegro, batista, fogoneu mallorquí y fogoneu francès, en tinto, y en blanco premsal y giró; y después, aquí delante hemos hecho una viña como en otro tiempo, muchas variedades mezcladas que se vendimiaran todas a la vez, todo junto, hacia la segunda semana de septiembre y sacaremos un rosado. Como en otro tiempo. Recuerdo muy bien cuando era niño, que abrían los lagares a mediados de septiembre y les llevábamos todo y se hacía un vino único, no como ahora que se hacen vinos de variedades específicas. Eran vinos jóvenes, que no se guardaban mucho. ¡No era el mejor vino que habrás probado, pero se lo bebían!

Os habéis dado a conocer mucho con una técnica curiosa de guardar el vino.

Creo que fuimos los primeros en hacerlo. Sabes lo que pasa, estás encima del tractor y tienes tiempo de pensar, tienes mucho tiempo, y pensé: por qué no probamos de volver a enterrar el vino aquí donde nació, ¡a lo mejor se siente cómodo y todo! La mujer me dijo que adelante; a la madre le dije que vendría Jesús a hacer una zanja profunda, «¿para un desagüe?» me preguntó ella, «no, para enterrar el vino», le digo. Y mi madre coge el teléfono y llama a la hermana, toda preocupada. Y nada, mi padre que decía, «teniendo todo el vino vendido no sé por qué lo tenemos que enterrar». Y ha sido un éxito. Ya hace 5 años que hacemos esto: cogemos 400 botellas que han estado previamente un año en barrica y las enterramos a una profundidad de entre 1 y 2,2 metros, con capas de paja entre medias. La verdad es que se conserva muy bien, sin cambios de temperatura. Se ha convertido en un acontecimiento, en una fiesta. Los periódicos llaman, la gente se lo cuenta. Y además, vienen los clientes y se lo llevan ellos, raspan hasta que encuentran una o dos y se las llevan muy contentos, como quien desentierra una pieza antigua.

Pero vosotros no siempre habéis estado inscritos en el CBPAE.

El paso a ecológico ha sido uno de los mejores pasos que hemos dado. Hace unos diecisiete años, ya. Fue Aina Calafat quien me lo propuso. Después, en casa hubo discusión, mi padre ni quería oír hablar de ello, dejar de echar abono y de tratar…, para ellos era el miedo, miedo a volver a los tiempos del hambre. Pero empezamos con los frutos secos y al año siguiente lo pasamos todo. Y mi padre, empeñado en no entrar, es ahora el más encantado. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, en cereal, hemos pasado de cosechar 2.000, 2.200 kg de trigo a 1.500 kg, cierto, pero ves una recuperación de fauna y flora que tiene un beneficio general; además la planta crece más de manera natural y, sobre todo, no gastas en abonos de síntesis. Da más trabajo de preparación con los cultivadores para combatir la hierba, vamos muy atentos en hacer buenas rotaciones y barbechos, y siempre variedades mallorquinas, que ahora responden todavía mejor que las híbridas. Y de cara a las ovejas, que haya hierba es importante, ojo. Cada vez confío más en los pastos naturales.

¿No tuvisteis sustos con las enfermedades?

Ninguno que ahora te pueda decir. Desde el momento que dejamos de abonar de aquella manera menguaron los problemas, y para la viña, el mildiu con cobre lo tenemos bien controlado, y el oídio con el azufre es suficiente. La botritis, con las variedades locales y en seco, que van con el vigor justo, no nos da problemas. El polvo que se levanta cuando pasamos cultivadores a propósito mantiene los racimos secos.

Así que fue un buen paso.

No volveríamos a convencional por nada, ni hablar. Ni mi padre. Él vivió la agricultura antigua, no había nada, araban y punto. Después a la orilla del mar llegaron los turistas y al campo llegó el abono químico. Él empezó a echar 80 kg de sulfato amónico por cuarterada, y pasó de 1.000 kg de trigo a 1.500 o 1.700 kg. Ahora piénsalo tú. A continuación vinieron los cereales híbridos, KGM, cebada de dos filas…, y en lugar de un saco, ya empezaron a echar dos. Después empezaron a tener que echar un saco de abono de fondo y después uno superficial de urea, e incluso hacíamos las manchas con un capazo colgado echando nitrato. Subieron al tope en todo, y al final subía tanto la factura del cereal como la del abono. Y aun así mi padre no quería deshacer esa marcha, por miedo a lo que veían. A él le costó y se entiende perfectamente.

¿Le ves futuro a la agricultura, Toni?

Hay que ser optimistas. Dejando de lado el cambio climático, para mí el problema es que arrancar de cero en el campo es muy difícil, por no decir imposible. Tiene que venirte algo dado. Después el trabajo será más esclavo que el de un albañil o un camarero, cada uno lo decidirá, pero a la vez es agradecido porque te da libertad, y si ya tienes la finca de tus padres y algo de ayuda suya, como ha sido mi caso, te defiendes. Y igual de importante: no basta producir, tienes que saber vender, tienes que moverte mucho, no puedes dejar que te venga el precio marcado, tienes que poder ponerlo tú.

¿Qué papel tiene APAEMA para fincas como la tuya?

Mucha importancia, en todos los aspectos. Es un engranaje que necesitamos, a nivel de promoción, de mantenernos al día, de poder hacerles una consulta. Mira la Diada de ayer, cómo nos reúne a todos. Es un pilar fundamental, si no existiera no sé cómo lo haríamos.

Antoni Sureda
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