Bernat Montserrat, agricultor de Felanitx: «La esencia está en un campo vivo y digno»

Entrevistas 18 de junio de 2024 · 14 min de lectura

Bernat Montserrat cultiva uva y cría ternera en Felanitx con manejo holístico y demuestra que un campo vivo y rentable es posible.

Sector: Primario y agroalimentario
La entrevista de APAEMA. Bernat Montserrat: "La esencia del oficio es aprender y

Uno debe ser joven mientras se cuestione las formas de hacer las cosas. Bernat Monserrat es un joven agricultor ecológico de Felanitx que produce uva y carne de ternera. Como buen joven, tiene el empuje, las ganas y el espíritu crítico en el corazón. Huye del catastrofismo y predica con el ejemplo: demostrar que un campo vivo y digno para quienes lo cultivan es posible. O aún mejor: deseable. Con un firme respeto por las raíces, no para de cuestionar y probar nuevas formas de hacer las cosas. Esto le ha llevado a implementar el manejo holístico con sus vacas angus. Bernat es un hombre conversador, de los que puedes escuchar con gusto durante dos horas y que parezca que solo ha pasado una. Una chispa de ilusión en un sector que a menudo se reivindica castigado y cansado, pero que cada día tiene más jóvenes que empujan con fuerza.


¿Vienes de familia agricultora?

Mi padre se ha dedicado a ello. De joven tuvo cerdos, de forma industrial. Después, desde que yo tengo recuerdo ha trabajado en un estanco de Felanitx. En los últimos años, antes de jubilarse puso un par de vacas.

¿Y tú, cuándo te pusiste en ello?

Estaba en segundo de carrera cuando empecé a plantar este viñedo y otro más pequeño. Estudiaba geografía y cuando llevaba dos años en Palma… Vamos, me gustó estar allí, eh, pero ya empezaba a pensar: «¿Y ahora qué hacemos?» o «¿qué salidas laborales tengo?». A mí me tiraba más el trabajo físico, estar en movimiento y sobre todo me tiraba el campo. Lo planté porque mira, a mí me gusta hacer esto y lo haré siempre, pase lo que pase. Aunque tenga un trabajo, el que sea.

¿Y por qué viñedo? ¿Te gustaba el mundo del vino? 

Hice un par de vendimias con Bàrbara Mesquida [Vins Mesquida Mora] y, ¡ostras!, es un cultivo donde realmente ves mucho movimiento. La uva tiene mucha demanda. El vino me gusta, pero creo que hacer un buen vino, o un vino para vender es muy complicado. Además necesitas una clase de instalaciones que nunca me he planteado hacer. Tenía diecinueve años cuando planté la primera hectárea. Y cuando acabé la carrera dije: «vamos, ¿y ahora qué hacemos, Bernat?» y me hice joven agricultor.

La cosa ya se ponía seria. ¿Fue entonces cuando pusiste los animales?

Mi padre mantenía las vacas, un poco como hobby. Bueno, vendía los terneros, claro. Y me dijo: «si lo quieres, tuyo es». Y así fue; ahora él está jubilado. Después, al hacerme joven agricultor, mi pareja, a quien también le gusta el campo y que trabaja en una bodega, plantamos una hectárea de viñedo más, en una finca pequeña de su familia. Y ahora llevo dos hectáreas de viñedo y la manada de vacas que las hago ir de aquí para allá y de allá para acá. También me han ido saliendo tierras para alquilar. Y mira, voy tirando así.

Te has criado en el campo. Pero un viñedo tiene su cosa. ¿Cómo has aprendido?

A todo el que va de esto le gusta hablar de ello. De Eloi Cedó y Cati Ribot, dos cracks del vino, he aprendido mucho, y estoy muy agradecido. Todas las veces que hemos hablado o caminado por el viñedo he sacado algo. Hasta el punto de que hoy son dos buenas amistades. Es gente que valora mucho el producto y da importancia a la calidad. También a la diversidad y la creatividad que puedes hacer dentro de un mismo viñedo. Yo tenía claro que quería poner una variedad local y hacer el viñedo en vaso. A partir de ahí vas aprendiendo sobre la marcha. Compartes opiniones con otra gente. Vas a ver y te vienen a ver. En el segundo viñedo que planté, el marco de plantación ya es más amplio y las plantas las he hecho más altas, por ejemplo. Ahora, si plantara uno nuevo, quizás lo haría diferente. Aprendes cuestionándote las cosas según vas trabajando. Y bueno, realmente sí que hice un trabajo de investigar y estudiar por mi cuenta la «teoría»; porque a mí estudiar me ha gustado.

Es un aprendizaje continuo, ¿verdad?

Para mí esta es la filosofía del oficio. Primero se aprende a golpes. Porque hay cosas que nadie te dice. Un día, un pase de azufre a destiempo te levanta el mildiu y pierdes una cosecha de uva. O las vacas entran en un momento que no toca a un pasto de proteína y encuentras una hinchada. Con eso aprendes. Después hay cosas que no duele tanto aprenderlas y otras que sí. Y eso pasa, aunque hayas estudiado mucho. Pasa en la vida en general. Nos golpeamos todos: toca. Yo intento cuestionarme mucho las cosas. No dar nada por absoluto. ¿Pasar azufre o no? Pues depende de muchas cosas. No hay una única respuesta buena.

¿Te certificaste en ecológico desde el principio? ¿No tuviste dudas?

Mi padre ya lo puso todo en ecológico. Cuando pusieron el carnet de fitosanitarios obligatorio para poder comprar productos, mi padre hizo el cursillo con APAEMA. Lo hizo para tenerlo, ya te digo, porque él lo hacía como hobby. Pues en ese cursillo vio que él no quería tirar según qué en su casa, y sobre todo vio el riesgo para quien fumiga. Yo también lo vi así. Además, durante la carrera me interesé mucho por la biogeografía y la relación entre los ecosistemas. No quiero echar venenos a la tierra. También porque uno quiere la tierra de sus abuelos, y piensas, ¿la voy a contaminar?, ¿y voy a vender productos que no sé si son buenos? Hacerlo en ecológico es ir a favor del ecosistema. Remamos a favor. Al igual que elegir variedades locales.

Hablemos de las vacas.

Cogí las de mi padre. Y he mantenido la raza. Eligió angus. Hace el ternero grande, facilidades al parto, animal rústico que no ha dado problemas. Él tenía pocas y las inseminaba. Claro, eso te ata mucho. Tienes que tener siempre una manga cerca, para que el veterinario pueda ir mirando. Acabas pastoreando menos. Nada, cogí un toro y empecé a rotarlas más. No era manejo holístico. Pero yo siempre tuve en la cabeza que si siegas y te lo llevas a dar en un comedero… pues sacas pero no vuelve. Tenía la idea de que los animales debían moverse para abonar el terreno.

¿Hacías manejo holístico sin saberlo entonces?

Conocí a Pere des Caparó. Él hacía las rotaciones más intensamente y daba corte. Que es algo que hablando con agricultores mayores he visto que ya hacían. Poner un hilo y así se optimiza mejor el pastizal. Además, Pere también intentaba tener cobertura vegetal permanente. Yo también empezaba a intentar pastos perennes para tener que sembrar menos veces. También leí a Voisin. Un francés que podríamos decir que sacó la base del manejo holístico. Los números que hace él son una locura. Tiene toda la razón: los animales se tienen que mover mucho, que no sobrepastoreen, pero esto es un clima mediterráneo y no es del todo igual.

Siendo como eres, debiste hacer un buen estudio del tema…

La clave fue que pude hacer el primer curso de manejo holístico que organizó APAEMA. Y se abrieron las puertas del cielo con eso. A mí sobre todo me ha ayudado con la organización. Claro, yo tengo el lío de combinar dos trabajos, vacas y viñedo, que son muy diferentes y que en momentos del año se pisan. Y ahora, que tengo criaturas, la organización es aún más fundamental.

Claro, con este manejo puedes mover los animales a fincas donde pueden estar más días, cuando tienes más trabajo en el viñedo o, si quieres tener unos días de descanso, ¿verdad?

Si tuviera que hacer comida y llevársela estaría cultivando, segando y rastrillando 20 hectáreas. Eso son muchas horas de trabajo que me quitan tiempo de podar, por ejemplo. El otro tema organizativo que tiene en cuenta este manejo es el económico. Hacer una previsión de lo que necesitaré y lo que podré tener. Así ves un poco más qué trabajos tienes que priorizar y vas más tranquilo. El hecho de poner todo encima de la mesa hace que te des importancia como persona que trabaja. Al hacer la planificación anual tienes que tomar decisiones. ¿Quiero trabajar siete días a la semana de sol a sol?, ¿o quiero tener dos días y unas semanas en verano para estar con la familia?

¿Antes de tener criaturas eras de trabajar siete días a la semana de sol a sol?

No. Pero me organizaba diferente. Quizás me cogía más días «libres» pero después si tenía trabajo no paraba hasta acabar. O si tenía dos horas libres, venía y miraba, observaba. Ahora pues si tengo que recoger a los pequeños cada día, aprovecho más por las mañanas.

¿Crees que tu generación de jóvenes agricultores esto ya lo tiene más claro? Lo de intentar no hacer una barbaridad de horas de trabajo, digo.

Claro, hablas con agricultores o con gente de lechería y ¡buf! Vamos, el punto es que se puede hacer todo. Puedes ordeñar viviendo bien, y ganarte bien el sueldo. ¿Qué le pasa a la gente? Que con el precio que se pagan las cosas necesitas llevar 200 cuarteradas y 200 ovejas. ¿Las horas de trabajo detrás de eso? ¡Y el gasoil! O un ejemplo más, las que aún echan tres químicos. Aparte de que pueda ser cuestionable por motivos éticos, ¿tú sabes lo que cuesta? ¡Ser convencional es muy caro! Creo que es importante saber dimensionar bien lo que llevas. A veces debemos ver que crecer es tener que gastar más también, para ganar poco.

Es un buen cambio de perspectiva verlo así.

También es verdad que tenemos la vista mal acostumbrada. Incluso los que de base somos muy ecológicos. Ves un trozo de cardos y piensas, ¿está bien o es una mierda esto? Cuestionarse las cosas, una vez más. El manejo holístico también me ha dado una gran unidad de medida. Los días animal.

¿Qué son esos días animal?

Por ejemplo, yo hago algún rollo. Cuando le doy un rollo a la manada les dura cinco días. Si la parcela me habría aguantado quince días las vacas, esta parcela me ha hecho tres rollos. Pero a la vista, ves la parcela y parece muy poca cosa. Claro, a final de año haces números y ves que los animales han estado tantos días, sin sembrar, ni pasar azufre y sobre todo sanos y llenos. La vista engaña, los números no. Quizás una parcela te habría dado los mismos rollos, o un poco menos, pero ya no has dejado todas esas horas. Con el tiempo vas afinando la vista. Y eso te ayuda a adaptarte más. En un año seco, como el que hemos tenido, puedes calcular lo que tienes y decidir si reduces un poco la manada para tener más comida para los demás. Yo este año he quitado el toro, por ejemplo.

¿Cuántos animales llevas ahora?

Mi número ideal son 13. Ahora he reducido bastante. Debemos saber parar. También porque lo llevo con 35 cuarteradas, que está bien, no es mucho, y muchas son de tierra delgada. Claro, la clave para hacer esto viable es la venta directa.

¿Cómo haces la comercialización?

Vender es trabajo, mucho. Pero vale más hacerlo y sacar un buen rendimiento con pocos animales que no hacer el triple de animales y mal vendidos. Hasta hace poco solo hacía venta a particulares. Tengo una lista de clientes y cuando hay un animal para vender, les aviso, se apuntan y cuando sacrificamos, ya intento tener todos los lotes vendidos. Así sabes que no se desperdiciará nada. Els Ramaders Agrupats de Felanitx me hacen el trabajo de cortar, que es mucho, y por normativa sanitaria, si ellos no estuvieran yo no sé cómo lo haría. La normativa nos corta mucho las alas a los ganaderos. Ahora también he empezado a vender en el supermercado cooperativo Torrenostra. Que no es venta directa, pero el consumidor respeta el producto. Tienen un modelo muy interesante de consumo y espero que les vaya bien muchos años. De momento, entre la uva y las vacas no me puedo quejar.

¿Cuál es tu cliente ideal?

Eloi Cedó, que es un gran amigo y quien se lleva mi uva para hacer vino, un día me dijo: «yo quiero hacer un vino que pueda comprar mi madre». Yo hago carne ecológica que compran mis vecinos.

Buena señal.

Es verdad que la ayuda de joven agricultor es un empujón. También he hecho inversiones, como la sembradora directa y otros trastos. Pero yo necesito siempre un colchón. Porque si haces hortalizas, por ejemplo, si te falla el tomate después viene la patata. En cambio yo, si pierdo un año, tengo que seguir haciendo el trabajo sin ningún ingreso.

Para ir terminando. ¿Cómo ves el campo, tú? ¿Eres optimista?

Hay mucho prejuicio de que si haces de agricultor malvives. Y eso afecta mucho a los que tienen que ponerse en ello. Veo gente cuyo padre ha hecho de agricultor toda la vida y que se lo piensa mucho antes de coger el relevo. También porque tienen que adaptarse mucho; si no tienes la suerte de que te dejen hacer lo que quieras, cuestionar ciertas prácticas no es fácil. Aun así, todos los relevos que hay, y van bien, dan mucha alegría. Yo temo que se pierdan las bases y las estructuras. Cosas como los mataderos. Después el acceso a la tierra también me preocupa, por la cantidad de cosas que se hacen en ella que no son agricultura. Ahora bien, das la vuelta a la hoja y ves la cantidad de jóvenes que viven bien del campo, contentos con lo que hacen y que tenemos una vida de calidad y digna en cuanto a horarios y sueldo. Y claro, eso es un ejemplo de que no tiene que ser algo tortuoso vivir del campo.

¿Crees que el turismo puede ser un aliado del campo o un competidor?

Ahora pareceré un hombre viejo, pero, cuando empecé… [Reímos] Vaya, ahora ya veo casas por todas partes, estoy rodeado aquí. Hace unos años todo esto no estaba. Entraba en una parcela y no veía ni un chalé. ¿Ahora? ¡Chalé, chalé, chalé! [Dice señalando todos los puntos cardinales]. La otra cosa es el agua. Yo tengo remordimientos por regar un poco de alfalfa que hago. Solo me preocupa acabar el agua del pozo, que no llueva. Después doy una vuelta y ¿qué veo? Piscinas, y piscinas y césped y más césped. Y el agua la cogemos todos del mismo acuífero. ¿Soy yo quien tiene que tener cuidado?

¿Qué te aporta ser socio de APAEMA?

Solo por los cursos ya vale la pena ser socio. Puedes seguir formándote siempre, en cualquier ámbito y siempre con nuevos puntos de vista. Después entras y ves todo el abanico de cosas que ofrece y sinceramente, un diez. Pagas la cuota con gusto. Porque todo lo que sale de ahí es brutal. Proyectos como Pasture +, donde viene Magdalena, te toma muestras de la tierra y solo mira de ayudar y encontrar cómo mejorar. Eso da mucha fuerza. Que continúe así por mucho tiempo.

¿Qué te hace disfrutar del trabajo?

El momento de entrar en un pastizal nuevo y mirar a los animales comer. Observar las cosas, intentar entender por qué y cómo. Tener siempre nuevas inquietudes. Cuestionarme las cosas.

Pues por muchos años más, Bernat.

Confiemos.

Bernat Montserratagricultor de Felanitx
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